Preocupación en el sector por el largo plazo de entrega de los coches eléctricos

En los últimos meses el número de vehículos eléctricos en España ha crecido exponencialmente a pesar de que no somos un país dotado de infraestructuras de recarga lo suficientemente desarrolladas. Esto significa que la idea de tener un coche eléctrico para el día a día se está extendiendo, pero los usuarios se están encontrando con un problema añadido a los ya habituales a la hora de adquirir su vehículo, y es que que en la mayoría de los casos, los plazos de entrega superan con creces a los de un vehículo convencional.

De media, un coche eléctrico puede tardar en llegar a las manos del cliente entre 3 y 5 meses. A no ser que se disponga de alguna unidad en stock, los fabricantes tienen que pedir el coche a las factorías de producción y éstas se encuentran saturadas de pedidos por la falta de baterías.

La producción mundial de baterías se centra básicamente en China y Estados Unidos, y las marcas de automóviles trabajan a marchas forzadas para conseguir tener más volumen. Pero eso no sucede.

Por este motivo, marcas como Volkswagen o hasta hace poco Renault no podían precisar los plazos de entrega de sus versiones eléctricas, por el sencillo hecho de que no se podían fabricar los coches ante la falta de baterías. La marca francesa solventó el problema y empezó a servir los pedidos ya concertados con anterioridad a partir del 1 de julio.

El aumento de la demanda produce un cuello de botella en las fábricas y no hay disponibilidad de vehículos; y pese a que las fábricas pueden producir, no hay baterías suficientes. Los stocks son para modelos concretos y cualquier modificación de equipamiento supone un nuevo pedido a la fábrica con la consiguiente demora de producción.

En España se producen retrasos y prácticamente se fabrica en función de la demanda. Algunas marcas como Citroën y Peugeot tienen mejor margen de tiempo en sus procesos de entrega ya que sus modelos eléctricos, Berlingo y Partner, se fabrican en la factoría de PSA en Vigo.

Algo parecido sucede con la Nissan eNV200 que se produce en la fábrica de Zona Franca en Barcelona. Hyundai tampoco parece tener problemas con el Ioniq eléctrico y de momento tienen modelos suficientes en stock. Tampoco hay problemas para servir el Renault Twizzy, otro ‘made in Spain’.

Sin embargo, el resto de modelos que se ofertan en nuestro país están condenados a la espera. El Renault Zoe, que se produce en Flins (Francia), tarda entre tres y cuatro meses en poderse servir al concesionario tras formalizar la compra. El mismo tiempo que tiene el Kia Soul, mientras que Tesla, la marca estrella del coche eléctrico tarda de tres a cinco meses en traer un Model S un Model X.

BMW, la marca que lleva la mayor cifra acumulada este año con 629 unidades, se apaña con el i3 con tan solo un par de meses de espera para que llegue desde Leipzig (Alemania). Citroën, además del Berlingo, oferta el e-Mehari, un modelo de nicho que puede tardar tres meses en llegar desde la fábrica de Rennes (Francia). Finalmente, entre los top del mercado, el Nissan Leaf de nueva generación puede tardar hasta cinco meses para llegar a manos del cliente desde Sunderland (Gran Bretaña).

 

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