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Desarrollan baterías orgánicas para los coches eléctricos del futuro

Hace escasas fechas, Mercedes presentó su nuevo prototipo Vision AVTR de conducción autónoma, con propulsión eléctrica en las cuatro ruedas y con ruedas independientes capaces de moverlo hacia los lados... pero con todo, lo más sorprendente de este vehículo era una batería muy plana, de apenas 10 centímetros de altura, pero con una elevada capacidad de 110 kWh que otorga a este prototipo una autonomía de 700 kilómetros y que se carga por inducción, es decir, sin necesidad de cables, en menos de 15 minutos.

La tecnología de esta batería es revolucionaria, ya que es orgánica, a diferencia de las conocidas hasta ahora, de composición metálica, basando su funcionamiento en el grafeno, un compuesto de carbono puro similar al grafito que se utiliza en la mina de los lapiceros, con la ventaja medioambiental de que hará que la fabricación de las baterías será neutra en carbono para la naturaleza, ya que el grafeno es 100 % reciclable por compostaje.

En lo económico, su producción no depende de minerales como el litio, el cobalto o el cobre, expuestos a grandes variaciones de precio por su escasez y geolocalización.  

En cualquier caso, aunque se trata de una tecnología prometedora que ya funciona en el laboratorio, su aplicación práctica no se contempla antes de 20 años, que es el tiempo estimado en pasar de las baterías actuales de ion-litio a estas orgánicas, que no aparecerán al menos hasta 2039, aunque si podrían mejorar su autonomía en un 25 % más en todo ese tiempo, lo que supondría la posibilidad de alcanzar un rango de 1.000 kilómetros con una carga.

La tecnología orgánica basada en el grafeno no es la única vía de desarrollo que se siga en la actualidad en el campo de las baterías para automóvil, que por el momento está experimentando en el terreno de la batería sólida que sustituye el electrolito líquido de las baterías convencionales por uno sólido de material cerámico. Las ventajas es que son más compactas y modulables, además de evitar el sobrecalentamiento, y que no recurren a un material inflamable como el ácido. Eso si, presentan el inconveniente de una carga más lenta.

También se trabaja en la actualidad en baterías de ion-litio-azufre o litio-oxígeno, con resultados prometedores pero que no son aplicables todavía a la fabricación en serie debido a un ciclo de vida demasiado corto para amortizar su coste. En cualquier caso, se prevé que este problema también quede solventados en una década.

El planteamiento de la batería orgánica ha abierto un nuevo futuro al utilizar materia orgánica abundante para almacenar energía, y un ejemplo de ello es el reciente trabajo publicado en la revista Nature a cargo de investigadores del Imperial College de Cambridge (Reino Unido) y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas español (CSIC) sobre las pilas verdes que podrían cambiar el futuro. Eeste estudio demuestra las propiedades eléctromagnéticas de la quinona, una molécula de la lignina que es el polímero vegetal más abundante en el mundo, y que permitiría desarrollar pilas que aprovecharían la capacidad de almacenamiento de energía de compuestos orgánicos. Se trataría de materiales mucho más baratos y ecológicos que los utilizados en las baterías actuales.

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