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Los cambios que se avecinan en el ámbito de las bicicletas eléctricas...

La evolución de las bicicletas eléctricas nos va mostrando como se incorporan poco a poco nuevos cambios tecnológicos que bien podrían provocar en un futuro inmediato una disrupción en la forma de desplazarnos, y todo a partir de un gran abanico de posibilidades, pero también, y todo hay que decirlo, de una ampliación de los posibles problemas.

 

De esta manera, poco a poco, los aficionados a la movilidad sostenible van a tener que irse habituando a términos como Geofencing, Hyperbikes, Smart E-bikes, y un sin fin más de nuevos anglicismos que tendremos que manejar a la hora de definir los distintos tipos de E-bikes que recorrerán nuestras calles y montañas.

En la actualidad hay tres grupos principales que definen las E-bikes eléctricas que se podemos encontrar en el mercado: Pedelec, Speed Pedelec y Throtle Ebikes. Las primeras son las más comunes, con 250W de potencia y 25 km/h de asistencia máxima en el pedaleo; mientras que las Speed Pedelec suben hasta los 4000W y los 45 km/h, necesitando los mismos requisitos que un ciclomotor, y las últimas y más potentes, pueden llegar hasta los 100 km/h y son accionadas por un acelerador o gatillo, semejante a como se maneja una moto eléctrica.

Con todo, algunos fabricantes apuestan por añadir una nueva categoría de E-bikes a este grupo, que serían las bicicletas eléctricas basadas en la tecnología del Geofencing, que aunque está presente en el mercado desde hace dos décadas, hasta el momento no se había aplicado a las bicicletas de consumo o privadas.

Así las cosas, la apuesta de los grandes fabricantes de automoción, ahora centrados en las motos y coches eléctricos y en bicicletas de pedaleo asistido, es la de crear una nueva categoría de bicicletas eléctricas que tendría las ventajas de los dos principales, entrando dentro de la normativa de las Pedelec y la velocidad de las Speed Pedelec, aunque dándole un puntito más cuando sea necesario.

Durante la pasada feria de Eurobike, la mayoría de grandes fabricantes de bicicletas del mundo acordaron que se comprometían a proteger las actuales bicicletas eléctricas Pedelec, así como a proteger la normativa que las regula en Europa, metiéndolas en el mismo saco que cualquier bicicleta convencional sin motor. De esta manera, la normativa europea para las Pedelec es común en todo el territorio, por lo que bajo ningún motivo un país debe o puede comenzar a regular de otra manera a estas bicicletas con motor.

Pues bien, ahora algunas marcas de renombre han apostado por el Geofencing, una nueva modalidad a la que se icorporan elementos como la Inteligencia Artificial, y nuevas infraestructuras ciclistas, como los carriles bici del futuro que ya se están probando en algunos países.

De esta manera, el Geofencing incluiría tres elementos a la vez actuales y futuristas, como son GPS, la Inteligencia Artificial (IA) a través del 5G e Internet de las cosas, y los carriles bici y carreteras del futuro, que conformarían un nuevo grupo de bicicletas eléctricas, a las que algunos ya han bautizado como Hyperbikes.

El Geofencing se centra en un pequeño ordenador inteligente con conexión permanente a Internet y GPS, el cual decidirá cuando la bici deberá estar limitada a 25 km/h y cuando se podrá abrir gas para llegar a velocidades que superen los 45 km/h. La decisión se producirá automáticamente, es decir, el ciclista no podrá cambiar de un modo a otro, a no ser que la vía por la que esté circulando lo permita y el ordenador de la orden.

De esta manera, si se va por un carril bici convencional, su velocidad se limitará a 25 km/h, e incluso a menos si esta vía tiene un a limitación inferior, pero cuando el ciclista sale de esta vía y se incorpora a la carretera, la limitación de 25 km/ y 250W de potencia desaparece y se amplía, de manera que se podrían recorrer distancias más largas en menor tiempo sin tener que circular a una velocidad por debajo a la del resto de usuarios de la vía.

Para llevar a buen puerto todo esto será necesario un ordenador de a bordo capaz de diferenciar el tipo de vía por la que se circula en bici.

El otro problema llegará, sin duda, a la hora de adaptar todo esto a la normativa actual, un punto que no será nada fácil, ya que basta un pequeño error, un accidente o una negativa de algún país o fabricante para que todo se paralice, como ya está ocurriendo con los coches eléctricos autónomos.

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