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Henkel experimenta con nuevos pegamentos para el coche eléctrico

Detergentes, pegamentos y productos de cuidado personal son las tres divisiones de Henkel, una multinacional alemana con presencia en medio mundo que mantiene la innovación como gran puntal y que cuenta con una cartera de 70.000 fórmulas propias.

Ahora, el coche eléctrico se erige como uno de los actores principales para esta compañía que ha visto la oportunidad de crecer con soluciones orientadas a los desafíos de esta industria de rápido crecimiento.

Más allá del sector de la movilidad, la empresa apunta a la conectividad y a la sostenibilidad para seguir creciendo combinando la robustez del acero y la ligereza del aluminio, que juntos hacen una pareja frágil. “No los sueldas, los pegas”, ha explicado George Kazantzis, responsable de la división de componentes y electrónica de automóviles de la empresa que lanzó su primer pegamento en 1923 y hoy es líder global en adhesivos.

Una de las últimas innovaciones de la empresa pasa por un material que se coloca debajo de las baterías, que normalmente ocupan todo el suelo del vehículo. Es un polímero que se extiende entre el chasis y la batería y que absorbe el calor que ésta genera al funcionar o al estar expuesta. Luego el material lo traspasa al cuerpo del coche, que resiste mejor las altas temperaturas. “Sólo es química inteligente”, dice Kazantzis.

Si las baterías llegan a calentarse demasiado pueden explotar, siempre en el caso más extremo, pero “si dejas tu móvil al sol durante quince minutos seguro se calienta y salta una advertencia”, pone de ejemplo más universal Kazantzis. Con esta alternativa se mantienen frías y alargan su vida útil, que ronda los diez años.

La apuesta por el coche eléctrico está siendo fructífera para Henkel. Trabaja con Tesla, referente en el sector, además de otros fabricantes tradicionales como Ford, Opel, Renault o Nissan, entre otras; y ha ido tejiendo alianzas situando plantas cerca de los hubs automovilísticos globales, como Detroit, Seúl, Shanghái o São Paulo. Más allá de la movilidad, la empresa alemana ha puesto a futuro el foco en soluciones para la industria de la conectividad y la sostenibilidad. “Queremos trasladar nuestro conocimiento de una industria a otra para no quedarnos cortos de oportunidades”, analiza Christian Kirsten, presidente de Henkel Europa.

Por sus instalaciones –se mezclan fábricas, centros de innovación, varios comedores, tres guarderías e incluso una clínica– pasan 100.000 visitantes al año que recorren hasta 15 kilómetros de calles o 21 kilómetros de vías que hay en su recinto. Toda una ciudad dentro de la ciudad.

Hace 140 años el fundador, Fritz Henkel, vino para potenciar su negocio de detergentes; una decisión que marcó para siempre su futuro industrial. Desde aquí lanzó Persil, producto icónico en Alemania, que fue un éxito desde su lanzamiento en 1907. Fue el primer “detergente automático”, como dice la empresa, ya que al hervir producía una reacción que ahorraba el trabajo de fregar. Algo después, en el periodo de entreguerras, llegó el siguiente paso de calado.

Ante la escasez de pegamento para cerrar los embalajes de la fábrica, acabó desarrollando el suyo. Resultó tan efectivo y había tantas industrias buscándolo que lo acabó comercializando. Aquello marcó su entrada en el sector. Y unas décadas más tarde dio el salto al cuidado corporal, con el desarrollo de champús.

Con esas tres patas fue creciendo y creciendo. Hasta el punto que hoy cuenta con 185 centros productivos, emplea a 53.000 personas y factura 19.900 millones de euros.

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