La instalación de cargadores rápidos para coches eléctricos continúa chocando con el problema de la capacidad de las conexiones eléctricas, de manera que muchas empresas disponen de espacio suficiente para instalar puntos de recarga, pero no de la potencia necesaria para utilizarlos, y ampliar esa conexión suele exigir elevadas inversiones y largos periodos de espera.
En este contexto, la compañía británica Allye Energy ha propuesto una alternativa que aprovecha las baterías de vehículos eléctricos retirados de la circulación, y lo hace a traves de un sistema denominado Mobile Energy Vault (MEV), que combina almacenamiento energético y recarga rápida. La propuesta consiste en acumular electricidad lentamente mediante una conexión convencional y suministrarla después a los vehículos con una potencia muy superior.
La tecnología de la compañía permite alcanzar hasta 400 kW en determinadas configuraciones, aunque los modelos MEV anunciados ofrecen potencias de 200 y 300 kW.
El sistema se comercializará inicialmente en dos versiones. La primera, denominada MEV200, dispone de una capacidad de almacenamiento de 155 kWh y puede suministrar hasta 200 kW de potencia; y por encima se sitúa el MEV300, con 232 kWh de capacidad y una potencia máxima de 300 kW. Ambas versiones incorporan dos conectores CCS2 para recargar vehículos simultáneamente, repartiendo la potencia disponible.
Su principal particularidad está en el origen de las baterías, ya que la compañía utiliza paquetes completos recuperados de coches eléctricos que han dejado de circular, evitando de esta manera fabricar nuevas celdas para estas instalaciones.
Mediante una tecnología denominada PackFlex, el sistema puede combinar baterías de diferentes tamaños, edades y composiciones químicas, gestionando cada paquete de manera independiente. La arquitectura eléctrica funciona a 800 voltios, aunque permite recargar automóviles con sistemas de 400 y 800 voltios.
Según las estimaciones de la empresa, reutilizar estas baterías permite evitar entre 15 y 24 toneladas de CO2 por instalación, en comparación con un sistema equivalente fabricado con baterías nuevas. La clave está en separar la potencia disponible en la red de la potencia que recibe el vehículo; y en lugar de exigir una conexión capaz de suministrar cientos de kW de manera instantánea, el MEV acumula energía durante varias horas y la libera rápidamente cuando llega el momento de recargar.
Allye ya ha demostrado este planteamiento en las instalaciones de J&M Murdoch, una empresa de gestión de residuos ubicada en Glasgow, donde la ampliación de la conexión eléctrica tenía un presupuesto aproximado de unos 345.000 euros. En su lugar, la compañía instaló un sistema Max300 conectado a una toma de apenas 22 kW. cargadores.
El objetivo de la compañía es establecer una red de cargadores con este tipo de avance en la reutilización de baterías consiguiendo instalaciones que permiten suministrar aproximadamente 200 kWh diarios a dos vehículos eléctricos mediante un cargador rápido independiente.
La empresa ha señalado que en Reino Unido, conseguir una nueva conexión de alta potencia puede exigir entre 18 y 36 meses de espera, mientras que sus equipos pueden instalarse y comenzar a funcionar en cuestión de horas.
La pega es que la batería permite ofrecer mucha potencia durante periodos cortos, pero el número de vehículos que pueden recargarse cada día continúa dependiendo de la energía que llega desde la red.
El precio de partida del MEV es de unos 80.000 euros, sin impuestos, y Allye plantea ofrecerlo mediante contratos de servicio para que las empresas puedan utilizarlo sin afrontar toda la inversión inicial. La compañía estima que, frente a una instalación convencional de 200 kW, su sistema podría ahorrar entre 50.000 y euros libras durante 10 años, sin contar las posibles obras de ampliación de la red.
Esta propuesta está dirigida especialmente a flotas de reparto, empresas de transporte y bases de vehículos comerciales que necesitan recargas rápidas, pero no disponen de suficiente potencia contratada.

