Las fábricas españolas están dando pasos hacia la electrificación, lo que a efectos prácticos se traduce en que tarde o temprano dejarán de fabricar coches de combustión para producir coches 100 % eléctricos. En este contexto, los expertos vaticinan que entre ambos existe toda una revolución tecnológica que se dejará notar en la desaparición de miles de piezas móviles, y por ende, de numerosos puestos de trabajo en las fábricas.
A nadie se le escapa que los coches eléctricos son mucho más sencillos desde un punto de vista mecánico, sunque no tecnológico, pues utilizan un software muy intrincado que no para de evolucionar y una trastienda química para la producción de las baterías que es extremadamente compleja.
Destaca el hecho de que un coche de combustión puede llegar a tener hasta 100.000 piezas, mientras que un coche eléctrico tendría menos de la mitad, es decir, por debajo de las 50.000, ya que el motor va encapsulado y no difiere mucho del motor de una lavadora, al tiempo que la batería, aunque es muy compleja desde un punto de vista químico, no lleva demasiadas piezas.
Así las cosas, a grandes rasgos, un coche eléctrico necesita un tercio menos de mano de obra que uno de combustión en su fabricación, lo cual podria traducirse en que va a sobrar hasta un puesto de trabajo de cada tres en el sector de la fabricacion de automoviles.
Por el momento, los fabricantes lo van solucionando reduciendo los turnos, es decir, trabajando a dos turnos en lugar de tres, a la espera de un aumento de la demanda, pero solo el paso del tiempo dirá cómo evoluciona este tipo de fabricación.
Por otra parte, producir coches eléctricos sería absurdo si no fabricáramos baterías, lo que supone la puesta en marcha de nuevas fábricas con mucho desarrollo tecnológicos. En este sentido, por ejemplo, las fábricas de baterías de Sagunto y Figueruelas compensarán el bajón en el empleo de las fábricas, como sucederá con las plantas de VW en Sagunto y Stellantis en Figueruelas, que cuando estén a pleno rendimiento deberían contar con entre 2.000 y 3.000 trabajadores, lo que puede compensar la bajada de carga de trabajo de las fábricas, y todo sin contar la cantidad de programadores que hacen falta para que todo funcione bien en un coche eléctrico.
Sin duda, se trata de un ecosistema que podría cambiar respecto a lo que conocemos, y que no debería ser peor necesariamente.

