Europa apuesta porque el crecimiento del coche eléctrico se traduzca en más producción local

Europa apuesta porque el crecimiento del coche eléctrico se traduzca en más producción local

El aumento de las ventas de coches eléctricos está impulsando nuevas fábricas y fabricantes en varios mercados, un motivo por el que la Unión Europea prepara criterios para vincular el apoyo público a una mayor creación de valor industrial en Europa.

 

El crecimiento del coche eléctrico está abriendo una competición global que va más allá de las matriculaciones, de manera que cada vez más países están tratando de convertir el aumento de la demanda en nueva capacidad productiva, inversión y desarrollo de una cadena de valor propia, una tendencia que también empieza a ganar peso en la estrategia industrial europea.

El último análisis de Ember sobre coche eléctrico y la seguridad energética identifica varios mercados en los que el avance de las ventas está coincidiendo con el desarrollo de producción local. En India, los fabricantes nacionales Tata y Mahindra concentraron más del 60 % de las ventas de eléctricos durante el primer semestre de 2026, mientras que Vietnam ha desarrollado su propio fabricante, VinFast, que ya ha ampliado su producción a India e Indonesia, y México prevé comenzar en 2027 la fabricación de su vehículo eléctrico nacional Olinia.

Brasil ofrece otro ejemplo, y la apertura allí de una planta de BYD en 2025 ha reforzado su papel como polo de producción para Latinoamérica, al tiempo que Ember señala que su capacidad podría elevarse hasta las 300.000 unidades anuales.

El centro de estudios relaciona esta inversión con los requisitos de contenido local utilizados por el país para favorecer el desarrollo de una industria propia. La lectura para Europa es especialmente relevante, y pasa porque la electrificación del mercado genera demanda, pero la cuestión industrial es qué parte del valor asociado a ese crecimiento permanece en el continente.

En este contexto, según explican en la web de Faconauto, la patronal que integra las asociaciones de concesionarios oficiales, la Comisión Europea ha empezado a incorporar esta dimensión a su política industrial, de manera que su propuesta de Industrial Accelerator Act, presentada en marzo, plantea utilizar el acceso al mercado único y determinadas formas de apoyo público para impulsar la demanda de productos fabricados en Europa y reducir dependencias estratégicas.

La automoción figura expresamente entre los sectores considerados estratégicos, y en el caso del automóvil, la Comisión recuerda que el Automotive Action Plan ya estableció que el apoyo público destinado al sector deberá incorporar criterios de resiliencia y sostenibilidad.

La nueva propuesta avanza además hacia requisitos Made in EU para componentes y celdas de batería de vehículos eléctricos vendidos en Europa, un planteamiento que responde a un reto que Bruselas reconoce abiertamente. Por este motivo, la Comisión advierte de que la competitividad de la industria europea del automóvil se ha deteriorado en los últimos años y señala que alrededor de la mitad de los proveedores europeos consultados prevé reducir capacidad productiva en la UE.

Al mismo tiempo, considera prioritario utilizar la transición tecnológica para mantener producción, conocimiento industrial y empleo dentro del mercado europeo. Para España, esta nueva carrera industrial tiene una lectura directa, teniendo en cuenta que la producción total de vehículos cayó un 1,8 % hasta agosto de 2026, hasta 1,45 millones de unidades, pero la fabricación de modelos electrificados avanzó un 6,6 %, hasta 154.797 vehículos.

De esta manrea, su peso sobre la producción nacional alcanzó el 10,7 % en el acumulado del año y se aceleró durante el verano con la entrada de nuevos modelos. En agosto, los coches eléctricos representaron el 19,5 % de todos los vehículos fabricados en España, es decir, prácticamente uno de cada cinco, una evolución que muestra que la transformación tecnológica del mercado no afecta únicamente a qué vehículos compran los consumidores.

Además, se están modificando los lugares a los que se asignan los nuevos modelos, qué plantas reciben inversión y qué países consiguen mantener una mayor parte de la cadena de valor.

Así las cosas, el debate europeo se desplaza progresivamente desde cómo acelerar la demanda eléctrica hacia una cuestión adicional, que no es otra que cómo conseguir que una parte relevante del crecimiento generado por esa demanda se convierta también en producción, componentes, inversión y empleo para Europa.

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