La eficiencia es uno de los mejores argumentos a favor del coche eléctrico, más allá de la reducción de emisiones o de un menor coste por kilómetro recorrido, ya que aprovecha mucho mejor la energía disponible que un modelo de combustion, según demuestra un nuevo estudio que aporta cifras y demuestra hasta qué punto ambas tecnologías juegan en ligas diferentes.
Los datos, publicados por el centro alemán de investigación sobre energías renovables Agora Energiewende, confirman que un coche eléctrico puede recorrer más de tres veces la distancia que uno con motor de combustión utilizando la misma cantidad de energía, una diferencia que no depende únicamente de la batería o del combustible utilizado, sino principalmente de la eficiencia de cada sistema de propulsión.
El estudio demuestra que un vehículo eléctrico convierte en movimiento aproximadamente el 77 % de la energía que consume, lo que viene a significar que sólo un 23 % se pierde durante el proceso, principalmente en forma de calor o por pequeñas pérdidas del sistema eléctrico. Por su parte, en un coche con motor de combustión, los bloques de gasolina o diésel son significativamente menos eficientes, ya que cuentan con una temperatura general bastante mayor, y su eficiencia se sitúa en torno al 20 %, por lo que cerca del 80 % de la energía contenida en el combustible acaba desperdiciándose.
La mayor parte de eta pérdida de eficiencia se producen en el sistema térmico y en el de transmisión, con una consecuencia clara, que consiste en que con la misma cantidad de energía primaria, un coche eléctrico puede recorrer aproximadamente 3,5 veces más distancia que un modelo de gasolina o diésel.
Así las cosas, mientras un coche eléctrico aprovecha más de tres cuartas partes de la energía disponible para desplazarse, uno de combustión sólo utiliza una pequeña parte, perdiendo el resto en forma de calor, y haciendo que, a igualdad de prestaciones, un motor eléctrico sea más eficiente que uno de combustión.
Esta diferencia explica por qué los coches eléctricos presentan consumos aparentemente bajos, y que hacen que un turismo medio necesite entre 15 y 20 kWh para recorrer 100 kilómetros, una cifra que resulta posible precisamente gracias a la elevada eficiencia de su sistema de propulsión.
Los autores del informe recuerdan que esta ventaja energética no sólo tiene un impacto sobre el consumo, sino también en la reduccion de la cantidad de energía necesaria para mover el parque automovilístico, disminuyendo la dependencia de combustibles fósiles y facilitando la integración de fuentes renovables dentro del sistema energético.
Es precisamente por esto por lo que numerosos países están acelerando la electrificación del transporte, ya que cuanta menos energía sea necesaria para recorrer la misma distancia, menor será también la demanda global de recursos energéticos, lo cual, en un contexto de creciente consumo eléctrico y necesidad de reducir las emisiones, marca una diferencia estratégica, debido a que la mecánica eléctrica es más eficiente que una de gasolina equivalente.
De esta manera, desde un punto de vista puramente energético, las cifras muestran una ventaja difícil de igualar por un motor de combustión convencional, y permitirá que en los próximos años, la mejora de las baterías y de la electrónica de potencia permita seguir incrementando esa eficiencia.
Aunque las diferencias entre unos modelos y otros continuarán existiendo, el principio seguirá siendo el mismo: un coche eléctrico necesita mucha menos energía para recorrer la misma distancia, una ventaja que ya se da por triplicado frente a los vehículos de gasolina o diésel.

