Un equipo de la Universidad Tecnológica Chalmers, en Suecia, ha estudiado cómo alargar la vida de las baterías de coche eléctrico con un truco sencillo que consiste en dejar fuera de juego a las celdas que envejecen peor, un trabajo que analiza las llamadas baterías reconfigurables, aquellas que pueden alargar su vida útil sustituyendo las celdas o los módulos que peor han envejecido.
La idea se basa en que la batería es la pieza más cara de un coche eléctrico y la que más preocupa a quien piensa en comprar uno usado.
En la actualidad, una sola celda débil puede marcar el final de todo el pack, aunque el resto aún tenga capacidad de sobra, a pesar de que numerosos estudios han venido demostrando que la duración de las baterías es mucho mayor a la esperada.
El caso es que un paquete de baterías está formado por muchas celdas conectadas entre sí, pero no todas salen igual de fábrica ni envejecen al mismo ritmo, y en una batería convencional la que manda es la peor. El proceso se comporta como una cadena que se rompe por el eslabón más flojo. En el estudio, una batería convencional llega al final de su vida útil cuando la primera celda baja al 80 % de su capacidad nominal, y da igual que las demás estén en mejor estado, de modo que la obsolescencia de las baterías varía en función de diversos parámetros como el tipo de uso o la carga.
El factor tiempo también marca una gran diferencia, por lo que la propuesta pasa por añadir interruptores y un sistema de control alrededor de las celdas, de modo que la batería puede cambiar sus conexiones eléctricas sobre la marcha, puentear las celdas débiles y aprovechar mejor la capacidad que queda en el resto.
Los investigadores lo han calculado con modelos eléctricos y de envejecimiento de celdas, tanto de química LFP (litio ferrofosfato) como NMC (níquel, manganeso y cobalto), y según sus resultados, la vida útil puede crecer más de un 20 % en condiciones óptimas, un dato que supone controlar cada celda por separado, por lo que se trata de un techo teórico.
En la práctica, lo normal sería controlar las celdas por grupos, con una ganancia menor, de forma que el mayor beneficio aparece en vehículos con muchas celdas conectadas en serie, es decir, con alta tensión, lo que equivaldría a camiones eléctricos y a turismos de gran autonomía.
La parte negativa es el precio, ya que la electrónica extra encarece la batería de partida. Según el equipo de Chalmers, en muchos casos realistas, este sobrecoste se compensaría con la vida más larga y el mayor valor de reventa, de forma que en un caso base, el ahorro total a lo largo de la vida del coche sería de 941 euros.
Por otra parte, si la batería tolera más diferencias entre celdas, en fábrica harían falta menos pruebas y ajustes, lo que ahorraría recursos, ademas de que más packs podrían tener una segunda vida como almacenamiento estacionario.
Por el momento, esta tecnología no está en ningún coche de serie, aunque ya se ha probado en prototipos de investigación y de la industria, y no ni hay fecha ni marca que se haya comprometido a llevarla a producción. Con todo, parace que estaríamos ante un tipo de baterías que duran más, y ante coches que se venderían mejor de segunda mano, algo clave para que el mercado de los eléctricos usados gane confianza.

