La Unión Europea prepara una reforma de la ITV con inspecciones más exigentes para vehículos eléctricos, nuevos controles de emisiones y una vigilancia más estricta de los sistemas de asistencia, afrontando una etapa de cambios para adaptarse a una realidad muy distinta a la que existía cuando se aprobaron las normas vigentes en 2014.
El Consejo de la Unión Europea ha respaldado una actualización de la normativa actual con el objetivo de adecuar las revisiones a los vehículos actuales, especialmente aquellos equipados con tecnologías eléctricas y sistemas electrónicos de seguridad.
La propuesta contempla nuevas verificaciones en vehículos eléctricos, híbridos e híbridos enchufables, además de procedimientos más exigentes para detectar emisiones contaminantes, al tiempo que plantea medidas para reforzar la trazabilidad de los vehículos y mejorar los mecanismos de control utilizados por las administraciones nacionales.
Uno de los apartados más relevantes afecta a los coches eléctricos. En la actualidad, uno de cada cinco automóviles matriculados en Europa dispone de conexión para recarga, una cifra que refleja el crecimiento de los coches eléctricos puros e híbridos enchufables en el mercado. Ante esta situación, Bruselas considera necesario establecer criterios comunes para las inspecciones.
Hasta ahora, cada país ha vendio desarrollando procedimientos propios debido a la ausencia de una regulación armonizada para los sistemas de alta tensión. Ahora, las futuras revisiones incluirán comprobaciones visuales obligatorias de elementos como la batería de tracción, el cableado o el puerto de carga... y en determinados casos también podrán realizarse pruebas de funcionamiento y verificaciones eléctricas específicas. Este escenario obligará a reforzar la formación técnica de los profesionales de las estaciones de ITV.
Los sistemas ADAS forman parte del equipamiento habitual de muchos vehículos modernos, de manera que tecnologías como el frenado automático de emergencia, la asistencia de mantenimiento de carril o el reconocimiento de señales tienen cada vez más peso en las exigencias europeas de seguridad vial.
La Comisión Europea considera que estas herramientas deben integrarse de forma progresiva en las inspecciones periódicas, con el objetivo de comprobar que sensores, cámaras y funciones electrónicas mantienen las condiciones necesarias para operar correctamente. La supervisión de estos dispositivos ya existe en parte, aunque el reto pasa por crear protocolos mucho más completos.
La calibración resulta especialmente sensible, de manera que una pequeña desviación, una reparación mal ajustada o incluso suciedad acumulada en determinados sensores podría llegar a provocar errores que deberán ser detectados mediante controles precisos.
La reforma también introduce medidas destinadas a combatir la manipulación de cuentakilómetros. Para ello, se prevé la creación de bases de datos nacionales que registren las lecturas realizadas por fabricantes y talleres autorizados.
En materia medioambiental, las inspecciones utilizarán métodos más sensibles para identificar emisiones de óxidos de nitrógeno (NOx) y partículas. Además, se contempla el uso voluntario de sistemas de teledetección capaces de medir contaminación acústica y gaseosa sin detener el vehículo.
La propuesta mantiene la periodicidad actual de las ITV, pero incorpora novedades como la incorporación de certificados digitales integrados en la identidad digital europea, permisos temporales de inspección válidos durante seis meses en otro Estado miembro y controles en carretera para furgonetas, dentro de un sistema que pretende supervisar al menos el 10 % de los vehículos pesados.
Si la directiva recibe la aprobación definitiva, los países de la UE dispondrán de tres años para aplicarla.

