La ausencia de puntos de recarga en vía pública en corriente alterna es uno de los principales obstáculos que impide al coche eléctrico alcanzar una adopción masiva en España, motivo por el que la falta de infraestructura urbana actúa como un muro previo que suele evitar plantearse el cambio al coche eléctrico a quienes no disponen de garaje propio.
Esta es la principal conclusión del encuentro celebrado por la Asociación Empresarial para el Desarrollo e Impulso de la Movilidad Eléctrica (AEDIVE) en colaboración con el operador europeo de recarga inteligente Qwello, organizaciones que pusieron el foco en una solución concreta y asequible que los ayuntamientos españoles no terminan de desplegar.
El caso es que según se explicitó durante el encuentro, la recarga en corriente alterna (CA o AC) es el método estándar y más común para coches eléctricos, utilizado principalmente en casa o el trabajo. La red suministra AC, que el cargador a bordo del vehículo convierte en corriente continua (CC) para almacenar energía en la batería.
Hay un dato que lo explica todo: más del 70 % de los ciudadanos españoles no dispone de garaje propio ni de plaza de aparcamiento, de manera que para este colectivo, la recarga doméstica es sencillamente imposible y sin alternativas accesibles en la calle el eléctrico deja de ser una opción real independientemente de su precio.
La tecnología para resolver este problema urbano existe y resulta más económica de desplegar de lo que se suele pensar, ya que la recarga en corriente alterna (AC) se instala directamente en aceras, aparcamientos municipales y zonas residenciales con una inversión contenida, se integra sin estridencias en el paisaje urbano, y es fácilmente escalable según crece la demanda.
En este sentido, el director técnico de AEDIVE, Álvaro Izquierdo, subrayó que la recarga en corriente alterna siempre será más barata que la carga rápida en corriente continua (DC), y que trasladar ese mensaje al ciudadano es fundamental para reducir la incertidumbre.
Por su parte, Carlos Vázquez, director general de Qwello, añadió que tres de cada cuatro españoles necesitan infraestructura de recarga pública para poder plantearse el cambio al eléctrico como una opción viable.
Así las cosas, el diagnóstico compartido por estas organizaciones es que el reto no es tecnológico, sino de decisión política municipal, teniendo en cuenta que los ayuntamientos tienen competencias directas sobre el espacio público urbano y de su voluntad depende de facilitar permisos, planificar redes de recarga en vía pública y generar condiciones favorables para la inversión privada... y detacaron que, sin ese impulso institucional, el despliegue en corriente alterna urbana continuará siendo residual.
En este contexto, Arturo Pérez de Lucia, director general de AEDIVE, reconoció que la red de alta potencia interurbana avanza bien, y que España alcanzó los 53.414 puntos de recarga pública operativos a 1 de abril de 2026, un 6,82 % más que al cierre de 2025. Sin embargo, detallo que el grueso de ese crecimiento corresponde a cargadores rápidos en corredores de carretera, y no a corriente alterna en entornos de proximidad urbana.
De esta manera, la recarga en vía pública en AC podría ser la pieza que complete el ecosistema eléctrico, ya que complementa los supercargadores de autopista y genera la confianza cotidiana que el usuario necesita antes de dar el paso. Y mientras esa red de proximidad no se despliegue en los barrios españoles, la transición al eléctrico continuará siendo lejana para aquellos ciudadanos que no tienen garaje.

